domingo, mayo 06, 2007

Chico etéreo



Entró por la ventana una noche de verano, y no se fue más. Es, a simple vista, un muchacho. Sin embargo lo he visto, cuando la luna se prende en el cielo, volverse suspiro, abrazo, polvo. Flota en el viento, inunda mi casa y lo respiro. Y así llega a mi sangre, y me recorre entera.

Red me, baby!

Rojo. Rojo desde que te vi en ese bar del olvido. Roja mi mente, mi almohada, mis lágrimas nuevas. Las palabras cambiaron, la oscuridad pasó de moda. ¿Soy la misma? ¿Dónde quedó la melancolía constante, el sabor amargo del adiós? Ya no estoy sola. Ya no importa qué quieran mis ojos. Algo superior dicta las reglas, arma los espacios, llena los momentos. Escribo sola, y te siento, y estás acá aunque ya te fuiste. Presente en el aire, tu estela calma mis fantasmas. De a poco, se van yendo, uno a uno cruzan la ventana. Se despiden… a veces pienso que voy a extrañar la aventura de lo nuevo, de no saber quién estará a mi lado a la mañana. Pero no… sé que es mejor vivir sola, sin fantasmas, y con vos. Titila un cairel de la araña en un living vacío. Afuera, caen las estrellas, y extraño tu estar conmigo. Sólo que ahora sé que mañana vas a venir. Que sos real. Nadie más podría ser tan perfecto, es como si hubiésemos salido del mismo molde. Adentro, las cosas se mueven. Todavía no entiendo nada, más que hay calma y rojo. Rojo por vos.

jueves, marzo 01, 2007

Mudanza




No sé si es la lluvia, o si es la mudanza. Cajas y cajas con mis cosas, libros sepultados con esa frase que me quebraría si la leyera ahora, mientras fumo y dejo esta casa con sus miles de huellas.

No es el hecho de revisar ese cúmulo de cosas escondidas en placares, esas cartas de señales que sólo ahora descifro; ni siquiera es el cambiar de número de teléfono (hoy hay mails y celulares, uno no se pierde, simplemente se muda, y da igual). No sé si esto estaba medio armado así nomás, medio desordenado como yo, y siento que ocuparme de que todo quede perfecto es una forma de dar un paso, un signo de que hay más tiempo en mi cuerpo, de que empieza otra Aldana en otro barrio.

¿Por qué pongo esa canción que me entristece, mientras las gotas se resbalan en el vidrio y él no atiende y el otro se olvidó de mí? Y las cajas me miran de reojo, y hay otras invisibles llenas de sensaciones que no quiero llevarme pero sí, que quiero que vuelvan pero no, que no puedo dejar atrás pero dejar este espacio es dejarlas, es un alivio y un cierre obligado, contrario a mi voluntad, pero tan sano.

Es nostálgico mudarse. Sola. Con lluvia.

miércoles, febrero 21, 2007

Coldplay: euforia íntima



No pueden estar tan cerca. No pueden estar tan cerca. No pueden estar tan cerca.

Sí, eso repetían las voces internas de todos los que colmamos ayer el Gran Rex para presenciar el debut de Coldplay en Argentina, cuando los ingleses salieron al escenario y advertimos que eran reales, tangibles, que estaban sólo a unos pocos metros de distancia, después de tantos años, y que sonaban tan, pero tan bien en vivo.

En medio de una escenografía austera, salvada por un juego de luces y algunas pelotas gigantes de colores, Chris Martin hizo honor a su rol de frontman y con esos simpáticos bailes espásticos desplegó todo su carisma durante la hora y 20 minutos que duró el show. "Hoy es muy especial para nosotros porque es nuestra primera vez en esta preciosa ciudad", esbozó el marido de Gwyneth Paltrow en un correcto castellano muy ensayado. Este comentario y algún “Argentina” mechado en uno de los temas fueron todo lo que hubo en la noche en lo que a demagogia poprockera respecta. Bien por Chris.

Abrieron con “Square One”, y recordé que en aquel show que tuve la suerte de ver en Dublín la elegida fue la misma. Ese recital se robó el sabor de la primera vez, en otro país y al aire libre en un predio realmente mágico. Pero el show de anoche fue más intimista, tanto que hasta en un momento, cuando toda la banda se trepó a la escalera que lleva al Pullman y entonó “Green Eyes” (ver video), sentí que me estaban cantando a mí, que era mi serenata privada. By Coldplay. Nada más y nada menos. “Brown eyes”, me dijo (en verdad, creo que fue a la chica de atrás, pero qué importa).

Y con ese micrófono de otros tiempos, Martin fue acompañado por Guy Berryman (bajista) en guitarra acústica, Will Champion (baterista) en armónica y el violero Johnny Buckland en uno de los momentos más altos del show. “Clocks”, uno de los temas mejor logrados de la banda, estuvo también en el podio, con un final que llevó el ritmo ya intenso de la canción a un acelere extraterrestre.

El público (nosotros) no entendía nada. Eufóricos y emocionados, sabiéndose parte del selecto grupo de 10 mil personas que verán a Coldplay en Argentina, los seguidores de la banda cantaron y bailaron durante todo el espectáculo. Como era de esperarse, la noche cerró con “Fix You”, y el estribillo estuvo casi exclusivamente a cargo de la euforia argenta.

A los que van hoy, a los que van mañana, disfrútenlo. Y a ustedes que se quedaron sin entradas, acá van algunos videos y fotos del show, más el set list de ayer.

Square One Politik Yellow Speed of Sound God put a Smile upon your Face What if Sparks Don´t Panic White Shadows The Scientist Green Eyes Clocks Talk Trouble In my Place Swallowed in the Sea Fix You

viernes, febrero 09, 2007

They (fucking) rule!

OK, sí. Voló una cucaracha de esas enormes de la calle cuando cruzaba. Y yo pensaba por qué nos parecen tan horribles, con su marrón inmundo y su crunch crunch y sus patitas asquerosas. Tal vez sea porque viven en la mugre; tal vez porque no obedecen a ningún ideal de belleza. Quizás, secretamente, las envidiemos por ser una especie que, sin proponérselo, es casi inmortal. Se supone que viven desde los dinosaurios, y nosotros tratando de edificar cosas “memorables”.
Muchas veces estoy segura de que son precisamente las cucarachas las que dominan el mundo, las que inventaron este juego, y están por todos lados vigilando, quizás controlando que generemos más y más basura para que coman, para que se alimenten y subsistan. Creo que nadie, ninguna raza es tan eficiente en la producción de basura como los seres humanos. De la más tóxica exótica. Somos su máquina perfecta.
Es cierto. Ellas nos gobiernan desde sus alcantarillas. Y se disfrazan de asco para que escapemos. Por eso, cuando a veces intento matar una, su cuerpo partido literalmente en dos sigue moviéndose inmune. Son dioses.