domingo, junio 04, 2006

Crónica de una escapada a la música

Jack Johnson
Praça da Apoteose, Río de Janeiro, 8 de abril

Me acuerdo de cuándo lo escuchaba en la radio, mi radio, o en un bar, mi bar, y no sabía quién era. Estaba siempre con la misma amiga y nos atrapaba esa voz dulce, tranquila, perfecta. Una especie de armonía y de playa. Mi hermano ya me venía hablando de un tal Jack Johnson y de los discos que se había comprado. Y un buen día, gracias a otra amiga, asocié todo, voz y nombre. Pero nunca hice nada al respecto, quedó en la lista de “tengo ques” que uno siempre engorda y engorda. Finalmente, empecé a salir con alguien que en su primera visita a mi casa trajo y dejó In between dreams, el tercer disco. Y así se concretó el idilio entre Jack y yo.

Es raro: no creo que sea música digna de generar fanatismos. Es sólo un surfer con una guitarra, buena voz y mejor onda, que escribe canciones lindas. Porque son eso, canciones lindas. Algunas pegadizas, otras no. Discos, los cuatro, que se pueden poner de fondo y que no cansan. Compañeros ideales igualmente de un día de sol y de uno de lluvia, de una cita, de una tarde triste, de un almuerzo en Palermo, de un paseo en auto.

Y llegó abril y un amigo que conocimos en Perú nos dijo que Jack Johnson tocaba en Brasil. Yo, desesperada por salir de Buenos Aires, me apresuré a conseguir pasajes, entradas y demás. Así que mi amiga, su chico-mi-amigo y yo partimos hacia el país vecino, casi caprichosamente.

No conocía Río de Janeiro y su vida a la vez turbulenta y calma, sus favhelas y sus playas blancas ensambladas sin generar extrañamiento. Esta era la tierra donde Jack suena en todos lados, porque comparte con algunos de sus habitantes cierto estilo de vida. Un clima. Una manera de vestirse y de mirar el mundo. Y así entre paseos turísticos, arena y salidas llegó la noche del 8, sábado.

Nos fuimos al famoso Sambódromo, no a vivir el carnaval sino una cosa mucho más cool. Ahí estaban todos ellos niños bien de Brasil, mucho surf y ropa de verano. Y cuando Jack finalmente salió al escenario, me pareció muy extraño pensar que sólo unos pocos meses atrás había tenido uno de sus discos en mis manos por primera vez, y de golpe estaba en Río escuchándolo en vivo. “Wow”, pensé. Y así desfilaron sus cosas, “Flake”, “Never know”, “Wasting time”, la infaltable “Better togehter”. Para mi fascinación, en alguna de sus canciones mezcló “My doorbell” de White Stripes. Y claro, Jack Johnson es amigo de Ben Harper. Y éste a su vez, es amigo del otro Jack, Jack White. Y en su último disco, Curious George, hay un tema de White Stripes, “We´re going to be friends”, interpretado por Jack Johnson.

El show transcurrió apacible, creo que duró una hora y media. Terminó con “Upside down”, el corte de su último disco que todavía no salió en Buenos Aires, la banda de sonido de una película infantil. Nos retiramos del lugar y perdimos a uno en la puerta. Nosotras, mujeres, nos subimos a un taxi para llegar más rápido y más seguras. Temimos que algo le hubiese pasado al tercero. Pero no, se tomó un bondi y llegó al rato.

Nos quedamos unos días más y volvimos a Baires, donde no hay playas pero sí villas, donde no hay surf pero a veces hace mucho calor. Y Jack parece que a partir de Junio se toma unos meses o años sabáticos para surfear, hacer películas –una especie de road movie de surf-, estar con su mujer y su hijo, y componer las próximas canciones que sonarán en mi living, en mi auto, en mi mp3, en todos lados. Aunque esto no sea ni Río ni Hawai.


Río de Janeiro, abril 2006

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