jueves, junio 08, 2006

Comodines

Y siempre volvemos a encontrarnos... Algo extraño nos conecta más allá del tiempo y de la gente. Me dijiste “hola” después de besarme, como si extrañaras mi piel y mis ojos. “Hola”, repetiste aliviado, cuando al fin la noche me llevó cerca tuyo.

Cada vez que nos vemos, no sé si es una historia nueva o la misma... o si nunca fue una historia. Pasaron más de dos años, y seguramente yo no soy la que era, y vos tampoco seas el chico que conocí en una fiesta, borrachos los dos. El chico que conocí en un auto y que por algún inexplicable motivo escuchó mi desamor de entonces, y el de ahora, y se fue ofuscado por mis lágrimas, pero volvió, comprensivo.

Pero es tan raro. No sé cuánto nos conocemos. Vos lo dijiste: yo nunca fui natural con vos, no hasta ahora. Es que no era natural con nadie en esa época... Quizás llegó el momento de que esto sea otra cosa. Corremos el riesgo de perdernos, pero ya estamos entrenados para eso.

La familiaridad llegó con la repetición, inconstante pero pareja de nuestros encuentros que parecen no terminarse nunca. A pesar de la ausencia de un vínculo sólido, me siento cómoda cuando despierto y veo tus ojos claros saludarme a la mañana. Cuando siento tus labios o tu voz, cuando volvés de repente a mi vida y todo sigue igual que antes.

Como diría Andrés, quizás nos usemos de pasatiempos. O tal vez, hayamos vivido un proceso paralelo de estabilización en todos los campos, y ahora sólo nos quede este, el de estar con alguien. Tengo la distancia suficiente para animarme, y el interés suficiente para intentar dar un paso más allá entre mis sábanas, con vos.

Ojos claros y sensualidad, pasión absoluta por mí y por el resto de las cosas. Dulzura en cuotas, tímida pero presente. Transición o firmeza, quién sabe.

Por ahora tu piel una noche cada tanto, tu compañía en mi mesa y en mis sueños.

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