martes, junio 27, 2006

Consideraciones mundialísticas (desde el banco)

Sólo quiero decir una cosa: creo que nací en el país equivocado. Acá me vuelvo loca para encontrar a alguien que me interese, ¡y las tribunas europeas están llenas de lo que a mis ojos son bombones! Me gustan los europeos de piel blanca, rubios, de ojos claros. TODOS me gustan. Además es claro que en esas latitudes, al menos en un lugar como Holanda, yo sería definitivamente la “morocha exótica”. Fuck, ¿por qué no me fui de intercambio?

PD: ¿Alguien sabe cuál es la canción del mundial? No puede ser que desde el ´90 todos recordemos la misma... ¿Y la mascota o el logo? Creo que estoy out este año.

El tiempo y las cosas

"It´s all understood, specially when you don´t understand.
And it´s all just because..."


Jack Johnson
, "It´s all understood", Brushfire Fairytales

Es raro ver cómo la gente se incorpora a tu vida tanto en tan poco tiempo. Van 6 meses, casi, y los siento años. Pensar que en diciembre no te conocía, que no eras nadie. Que no me afectabas. Y ahora el sólo pensar en que vuelvas a ser un extraño, un extraño tan familiar, me da tristeza y me asusta. Pero creo que es la mejor salida. Tampoco quiero lo que hay. Eso es claro.

Ella se llama Killa, que es “luna” en quechua. Se murió mi otra perra y ahora está ella, con un nombre descubierto en Perú, mientras nos íbamos conociendo. No puedo evitar relacionar las cosas, los ciclos. La vida y la muerte de las personas, los animales, las relaciones. Y quizás sólo me quede el nombre de mi mascota de aquel viaje, y un par de discos y buenos recuerdos de tu persona.

lunes, junio 26, 2006

¡Hablen, desechos!



En la puerta de mi casa hay dos lugares donde todos los vecinos de estos 10 metros de cuadra dejamos nuestra basura. En uno de ellos, hace días que se acumula la mía. Exclusivamente. Nadie la levanta. ¿Quizás no deba sacarla los viernes y sábados? Pero veo botellas de cerveza, de champagne, de fernet, de agua, de Coca light, mezclarse con muchos cigarrillos y bolsas vacías de papas y maníes. Amontonarse. Cuantificarse. Esa es mi vida de los últimos días, un tanto desordenada y poco interesante.

No quiero volver a los 15, saliendo con gente que me cae bien pero no me estimula, tomando en exceso sólo porque no puedo estar donde quería estar, porque eso ya pasó y de nada sirve que insista. Tengo que buscar nuevos horizontes, que mi basura se llene de botellas de vino y celofanes de discos, de restos de comida de lo que le cociné a alguien que me quiere, nada de cenizas y colillas, algún papel de regalo y muchos forros, o en su defecto, los olvidados blisters de pastillas anticonceptivas. Hasta la basura cambia cuando uno deja de estar con alguien. Fuck.

¿Alguien veía Fraggle Rock (además de vos, morocho), y recuerda a la Señora Basura? Era el personaje de la sabia y consejera. Casi como un dios o un oráculo. Una versión de los terapeutas. Ahora entiendo todo.

viernes, junio 23, 2006

Un lugar en el mundo



UFA. ¿Quién habrá inventado esa expresión tan sintética, dulce, perfecta? Un día, de esos en los que uno quiere irse al lugar más remoto de la Tierra, como si así pudiera escaparse de su “yo” y crear uno nuevo, me encontré mirando mapas en Encarta. Rusia. Una ciudad me llamó la atención por su nombre. Se llamaba nada más y nada menos que “UFA”. Me alegró la noche. Desde ese entonces, fantaseo con UFA. ¿Cómo será su gente? ¿Estarán todos tristes y frustrados? ¿Sabrán, si quiera, que ser un “ufano” significa tanto en estas latitudes? No quiero ir porque no quiero descubrir que es una ciudad más, como cualquier otra. Que hay fábricas y autos. En mi cabeza, la gente de UFA, con su río homónimo, bebe de esa angustia existencial todos los días. De ese horrible choque entre lo que queremos y lo que hay. Son seres inevitablemente meláncolicos. Todos lloran una vez por día, al menos.

No puedo dejar de pensar en una foto con el cartel que diga “Bienvenidos a UFA”. Aunque tengo miedo de entrar y no salir más.

(Creo que por eso también dilato ver las películas de la UFA...)

miércoles, junio 21, 2006

Videominuto Crónicas Móviles

En honor a Poly edité este videito. Los invito al universo de Crónicas Móviles. Enjoy!



Agradecimientos: Langost Co.

martes, junio 20, 2006

A revolution from his bed

Él era mi novio y me sacaba fotos, todo el tiempo. De hecho, lo sigue haciendo cada vez que lo veo. Siempre me fascinó su mirada; en mi caso, también se la atribuía a que estaba enamorado de mí y por lo tanto, me veía más linda y captaba mis mejores momentos. Pero, ego al margen, Pablo siempre tuvo una manera increíble de traducir el mundo en imágenes. Su cabecita soñadora, su forma especial de ser, se ve reflejada en las fotos que saca, en las imágenes que crea. Como si todo eso no perteneciera a una realidad exterior, sino a la suya, propia y única. Como si cada uno de sus clicks fuera un fragmento de su universo, plasmado en un papel fotosensible o dibujado en pixels (esas misteriosas unidades de sentido). Su subjetividad, tan sublime y sensible, que lo hace ver las cosas, sean lindas o abominables, de una manera... bella. Entendiendo la belleza, claro, como algo estético, no necesariamente agradable.

Y así Pablo abrió su blog y pude ver lo que imaginaba. Pude ver cómo rescataba cada detalle cotidiano y lo extrañaba, a la manera de los formalistas rusos, y lo resignificaba. Eso que no siempre supo explicar bien con palabras y de golpe era nítido, una colección de tomas admirables. Simples. Pablo que es fan de Amélie, e igualmente dulce y sencillo como el personaje, en versión masculina. Tratando de cambiar el mundo desde donde puede. Un manifiesto, en fin, de que todos podemos.

Así Pablo estuvo años sacando fotos con su celular. Se dedicó a su blog, lo trató como algo serio. Y el éxito que consiguió, producto de sus incansables energías, su genio y su forma positiva de encarar la vida, sentó las bases de su proyecto actual, mucho más grande, ambicioso y vanguardista. Pablo demostró que su mirada importaba, que era interesante. Y ahora, en Crónicas Móviles, cedió ese espacio a la gente. Nos invita a que todos nos animemos a contar cómo vemos las cosas.

Los medios, creadores de sentidos, de realidades, de agendas. Esos gigantes que la mayoría de la gente respeta, a los que les cree casi ciegamente. Crónicas Móviles abre eso para todos. Como una oposición o una alternativa, propone otra manera de hacer periodismo, libre y apta para todo público. Utopía de los bloggers, sistematización de esas paginitas simples que todos a los que nos gusta escribir procuramos tener, como una ventana. Pablo valida todo eso, lo instala desde su nuevo sitio.

Esperemos que la utopía crezca, que no la aplasten los gigantes con boycots y leyes absurdas. Siempre que apareció un medio nuevo, no significó necesariamente la desaparición de los otros. Ojalá lo dejen vivir, coexistir, ser, darnos un respiro. Ojalá pueda convertirse en ese espacio, reconocido en un marco más organizado, pero sin límites, que todos nosotros, humildes espectadores del mundo, buscamos.

Veo el blog convertido en sitio, en algo más serio, o colectivo, y es como ver a un hijo -adopatado, porque si bien siempre estuve al lado de él, aún después de separarnos, ese invento es de Pablo- triunfar. Crecer. Ser alguien.

Aquí una fan de Crónicas Móviles. Aquí alguien que sólo le desea lo mejor y hace todo lo posible porque crezca. Éxitos, Poly.

(Y pensar que hablábamos de esto entre sábanas y tés en tu casa y en cualquier lado, como de un sueño. Y ahora existe, y lo siento tan mío. ¡Te felicito!)

jueves, junio 15, 2006

Energías

Recién visité un blog olvidado. Niñoespina parece sentir lo mismo que yo y que muchos. ¿Cuántos seremos, soñando con que esto se termine, pero que no se termine nunca? Soñando con sueños realizados, pero con tener otros sueños por delante, que nos hagan despertarnos o escribir...

Su fluir me inspira. Me hizo entender, más que mi psicóloga (¡aguante Lili!), un poco que soy al revés que muchos. Que mi inercia es mi versión del estímulo, o más bien del impulso. Si entendemos el impulso como algo negativo que puede hacernos chocar contra infinitas paredes, yo sólo hago esas cosas por inercia. Porque en general vivo estimulada y busco lo que quiero y muchas veces lo consigo. Pero la inercia, la falta de decisión frente a determinadas situaciones, sólo me lleva al vacío. ¡Canalizo mi esfuerzo tan bien y tan mal a la vez! Es difícil repartir bien las energías cuando sobran. Porque queda un resto para invertirlas en cosas que sólo nos las agotarán. ¿Lo haré para compensar ese exceso?

No sé si estoy siendo clara. Mejor lo dejo para más tarde.

miércoles, junio 14, 2006

Suicidio

Y qué hacer cuando caiga, cuando esta estúpida retención se convierta en otra cosa, insoportable. Y por qué seguir el juego, si ya sé de antemano que voy a perder, la única. Por qué seguir cultivando angustias, en vez de correrme. Por qué el capricho esta noche y las otras, la infantil convicción de que quizás sirva de algo, y la adulta certeza de que sólo puede tener un final triste, triste para mí, y por consecuencia de mis acciones.

Por qué no ser racional cinco minutos. Por qué no borrar lo que no me sirve. Por qué insistir cuando ya no hay nada. Por qué.

sábado, junio 10, 2006

Sobredósis de TV

Las calles están desiertas, los últimos en levantarse corriendo al lugar de la cita. Yo no entiendo nada de fútbol pero desde que me desperté prendí la tele, inundada de celeste y blanco y de periodistas deportivos. Es imposible escaparle al Mundial, como si fuese la novela de moda, pero en todo el planeta. Yo no sé qué hago viendo esto; cuando era chica estaba más conectada, hoy no sé ni quiénes están en el equipo.

El fútbol y su baile inevitable, la euforia colectiva, algo que compartimos todos, con más o menos intensidad. No puede escaparse a las pelotas en la pantalla, a la banderas en los balcones, a los accesorios en los locales. Y sobre todo, a las conversaciones, a los cantos improvisados y a los de siempre.

Ayer tuve un casamiento, muy formal y otra cosa, pero de repente todos levantaron sus cubiertos, los golpearon contra los platos, aplaudieron y cantaron: “¡Vamos, vamos, Argentina!”. ¿Qué tenía que ver? Nada. Pero el fútbol se filtra en todos lados, y ser argentino de golpe no está tan mal. Al menos por un mes.

Al margen del marketing, vedette de la maquinaria capitalista, que hace de este campeonato su diva. Al margen de que nadie se pone la camiseta normalmente, y hoy debe haber millones vistiendo sus rayas de cielo. No puedo estar en contra de esto, que hace que la gente sienta algo, que tenga un motivo para despertarse a horas insólitas y no tanto, que pare su vida para ver un partido. No puedo estar en contra de la magia, que al menos en estas tierras ejerce su influencia sobre todos, atravesando clases y geografías. No puedo dejar de admirarme frente a esa pelota de cuero y los veintipico de tipos tratando de dominarla, mientras el resto del mundo está pendiente de cada movimiento, congelando sus vidas frente a alguna TV durante los 90 minutos que dura el juego.

No puedo ignorarlo. No puedo dejar de querer ser parte.

jueves, junio 08, 2006

Llueve...

Las gotas en mi ventana están estáticas, como si ignoraran la gravedad, aferrándose caprichosas al vidrio que pronto querrá librarse de ellas. Como un recuerdo que no podemos dejar ir, que nos atrapa desprevenidos entre cigarrillos e insomnio, y se vuelve presente, aunque entendamos su irrevocable condición de pasado.

Las gotas me miran, comprensivas, y me devuelven a su fascinación por la lluvia y las tardes grises. A su ser gris que mis colores añoran, a su existencia independiente de la mía, que en algún momento simuló ser inseparable.

Estoy enamorada de un tiempo que ya no existe, de una foto idealizada con las horas que me separan de su toma. La veo perfecta en sus imperfecciones, la sueño, te sueño, como a un fantasma que se sienta a leer a mi lado, tranquilo, y cuya sola presencia me armoniza.

¿Habrá sido cierto? Su efímera intensidad me confunde. La felicidad obscena nunca dura demasiado, y yo me había acostumbrado a la quietud que la sucedió, pero conmigo sola no alcanzaba.

Las gotas son mías hoy, y no puedo compartirlas con tus ojos. Con tu mano acariciándome entre hojas, tus labios acercándose entre canciones. Estás lejos, como antes de conocernos, y la lluvia en mi ventana que ya no verás te saluda y te extraña y te pide que vuelvas...

Ojalá estas gotas pudieran actuar como ácido y destruir los mecanismos de tu mente, que nos arrancaron de este espacio en el que convivíamos un rato cada tanto, entrelazando ideas y cuerpos.

¿Qué hago con estas gotas? ¿Las sacudo de mi ventana? No quiero que me miren así, como un reproche. Como si fuese mi culpa que te hayas ido. Como si no quisieran estar a solas conmigo. Como si extrañaran tu aliento en este cuarto, y las paredes me oprimen... y yo ya quiero olvidarte.

Comodines

Y siempre volvemos a encontrarnos... Algo extraño nos conecta más allá del tiempo y de la gente. Me dijiste “hola” después de besarme, como si extrañaras mi piel y mis ojos. “Hola”, repetiste aliviado, cuando al fin la noche me llevó cerca tuyo.

Cada vez que nos vemos, no sé si es una historia nueva o la misma... o si nunca fue una historia. Pasaron más de dos años, y seguramente yo no soy la que era, y vos tampoco seas el chico que conocí en una fiesta, borrachos los dos. El chico que conocí en un auto y que por algún inexplicable motivo escuchó mi desamor de entonces, y el de ahora, y se fue ofuscado por mis lágrimas, pero volvió, comprensivo.

Pero es tan raro. No sé cuánto nos conocemos. Vos lo dijiste: yo nunca fui natural con vos, no hasta ahora. Es que no era natural con nadie en esa época... Quizás llegó el momento de que esto sea otra cosa. Corremos el riesgo de perdernos, pero ya estamos entrenados para eso.

La familiaridad llegó con la repetición, inconstante pero pareja de nuestros encuentros que parecen no terminarse nunca. A pesar de la ausencia de un vínculo sólido, me siento cómoda cuando despierto y veo tus ojos claros saludarme a la mañana. Cuando siento tus labios o tu voz, cuando volvés de repente a mi vida y todo sigue igual que antes.

Como diría Andrés, quizás nos usemos de pasatiempos. O tal vez, hayamos vivido un proceso paralelo de estabilización en todos los campos, y ahora sólo nos quede este, el de estar con alguien. Tengo la distancia suficiente para animarme, y el interés suficiente para intentar dar un paso más allá entre mis sábanas, con vos.

Ojos claros y sensualidad, pasión absoluta por mí y por el resto de las cosas. Dulzura en cuotas, tímida pero presente. Transición o firmeza, quién sabe.

Por ahora tu piel una noche cada tanto, tu compañía en mi mesa y en mis sueños.

martes, junio 06, 2006

When it´s all over we still have to clear up

Está todo limpio, en cero, o en el infinito. Llegar a esa línea divisoria entre lo que era y ya no será. Encontrarse y perderse, casi estúpidamente. De nada sirve tratar de entender en ciertas situaciones: ahora sólo queda el olvido.

Y llegó el día en que ya volvimos a ser extraños.

Y llegaste y te fuiste, tal vez para siempre.

Y dijiste cosas que no me cierran, que te alejan de la imagen que tenía de vos.

Recuerdo lindo al estante del adiós.

Buena suerte y hasta luego.

domingo, junio 04, 2006

Crónica de una escapada a la música

Jack Johnson
Praça da Apoteose, Río de Janeiro, 8 de abril

Me acuerdo de cuándo lo escuchaba en la radio, mi radio, o en un bar, mi bar, y no sabía quién era. Estaba siempre con la misma amiga y nos atrapaba esa voz dulce, tranquila, perfecta. Una especie de armonía y de playa. Mi hermano ya me venía hablando de un tal Jack Johnson y de los discos que se había comprado. Y un buen día, gracias a otra amiga, asocié todo, voz y nombre. Pero nunca hice nada al respecto, quedó en la lista de “tengo ques” que uno siempre engorda y engorda. Finalmente, empecé a salir con alguien que en su primera visita a mi casa trajo y dejó In between dreams, el tercer disco. Y así se concretó el idilio entre Jack y yo.

Es raro: no creo que sea música digna de generar fanatismos. Es sólo un surfer con una guitarra, buena voz y mejor onda, que escribe canciones lindas. Porque son eso, canciones lindas. Algunas pegadizas, otras no. Discos, los cuatro, que se pueden poner de fondo y que no cansan. Compañeros ideales igualmente de un día de sol y de uno de lluvia, de una cita, de una tarde triste, de un almuerzo en Palermo, de un paseo en auto.

Y llegó abril y un amigo que conocimos en Perú nos dijo que Jack Johnson tocaba en Brasil. Yo, desesperada por salir de Buenos Aires, me apresuré a conseguir pasajes, entradas y demás. Así que mi amiga, su chico-mi-amigo y yo partimos hacia el país vecino, casi caprichosamente.

No conocía Río de Janeiro y su vida a la vez turbulenta y calma, sus favhelas y sus playas blancas ensambladas sin generar extrañamiento. Esta era la tierra donde Jack suena en todos lados, porque comparte con algunos de sus habitantes cierto estilo de vida. Un clima. Una manera de vestirse y de mirar el mundo. Y así entre paseos turísticos, arena y salidas llegó la noche del 8, sábado.

Nos fuimos al famoso Sambódromo, no a vivir el carnaval sino una cosa mucho más cool. Ahí estaban todos ellos niños bien de Brasil, mucho surf y ropa de verano. Y cuando Jack finalmente salió al escenario, me pareció muy extraño pensar que sólo unos pocos meses atrás había tenido uno de sus discos en mis manos por primera vez, y de golpe estaba en Río escuchándolo en vivo. “Wow”, pensé. Y así desfilaron sus cosas, “Flake”, “Never know”, “Wasting time”, la infaltable “Better togehter”. Para mi fascinación, en alguna de sus canciones mezcló “My doorbell” de White Stripes. Y claro, Jack Johnson es amigo de Ben Harper. Y éste a su vez, es amigo del otro Jack, Jack White. Y en su último disco, Curious George, hay un tema de White Stripes, “We´re going to be friends”, interpretado por Jack Johnson.

El show transcurrió apacible, creo que duró una hora y media. Terminó con “Upside down”, el corte de su último disco que todavía no salió en Buenos Aires, la banda de sonido de una película infantil. Nos retiramos del lugar y perdimos a uno en la puerta. Nosotras, mujeres, nos subimos a un taxi para llegar más rápido y más seguras. Temimos que algo le hubiese pasado al tercero. Pero no, se tomó un bondi y llegó al rato.

Nos quedamos unos días más y volvimos a Baires, donde no hay playas pero sí villas, donde no hay surf pero a veces hace mucho calor. Y Jack parece que a partir de Junio se toma unos meses o años sabáticos para surfear, hacer películas –una especie de road movie de surf-, estar con su mujer y su hijo, y componer las próximas canciones que sonarán en mi living, en mi auto, en mi mp3, en todos lados. Aunque esto no sea ni Río ni Hawai.


Río de Janeiro, abril 2006

sábado, junio 03, 2006

Perlas

Hablar o callar y esas cosas. Alguien se casa esta noche, y yo terminaré de terminar algo. Aunque nunca se sabe. Las vueltas de la vida y eso.

Un vestido de estrellas y un collar de perlas de mi abuela. Mi mamá siempre me dijo que una perla es una lágrima. No sé cuántas perlas tiene ese collar. Muchas lágrimas enhebradas hace años, que necesitan que alguien llore para devolverles su sentido.

Y me perderé en sushi y vino, tratando de entender que esto es sólo el principio de algo. Que fue un ensayo. Que no estuvo tan mal. Que igual yo quería dejarlo.

Voy a estar demasiado sobria, toda de negro y perlas, esta noche. Nada de colores brillantes. Sole me contó que ellos estuvieron cuatro años para encontrarse, yendo y viniendo. Parece que no es simple, que no lo fue ni aún para los que triunfaron.

Y ahora estoy esperando que llegue para que se vaya para siempre. Suena paradójico. En fin, allí voy. El timbre va a sonar en cualquier momento.