lunes, mayo 01, 2006

Good-bye

De vuelta el blog, el álbum donde colecciono sensaciones. No puedo evitar recordar tus palabras, como una profecía cumplida: temías, entonces, ser una historia más entre las tantas que están escondidas en mis letras. Y hoy te volviste eso, esa materia que intento convertir en olvido escribiendo, escribiéndote –no para vos, sino a vos.

Ser una historia más pero no, porque aunque breve -quizás tan breve que a veces pienso que nunca existió, que eras un fantasma, como temía (yo, esta vez), que al final eras el gato gris y los sueños-, aunque breve fue distinta, un escalón hacia algo, algo que no sé qué es ni con quién.

Y hoy, por primera vez en meses, no sé dónde estás, ni qué estás haciendo, ni quién sos... Y me culpo y me absuelvo cada minuto que pasa, cada pensamiento, cada lágrima o cada sonrisa.

Es raro que desaparezcas, como si te hubieses muerto. Pero me pasó y nos pasa y volverá a pasar. Quizás nos encontremos en otro lugar, en otro momento, y podamos hacer las cosas bien, hacerle caso a nuestros miedos –porque también advertiste que tanta voracidad no era sana y que el único final posible era el derrumbamiento de alguno de los dos. Esta vez me tocó a mí, como otras. Ojalá nos hubiésemos cuidado, para no perdernos para siempre (lo habías propuesto, tímidamente, en esa hoja que es lo único que me queda de vos). Ojalá quisieras revertirlo. Ojalá compartieras mi visión de las cosas. Pero somos distintos, y ya diste tu veredicto...

(Pero podés revisarlo, y quizás yo siga estando, tiempo y espacio de por medio para los dos. Yo también necesitaba esto, bendito aire que invita a la reflexión.)

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