jueves, abril 20, 2006

Sting me

Una tarde más, y nada me parece interesante. Soñé que me picaban cucarachas, que caminaban impunes por mis brazos, asquerosas, y dejaban ampollas blancas por montones. Desperté desconcertada, como si en mi sueño hubiese comprendido el íntimo significado del episodio, como si esas marcas horribles tuvieran algo que decirme de mi vida o de mi gente.

Y hoy estoy acá, midiendo tu entusiasmo. Preguntándome si quizás todo es mi culpa, si estoy condenada a una ansiedad y a un cambio permanentes, si mi propia identidad me lleva a quebrar las cosas, a buscar extremos, insoportables hasta para mí misma.

Estoy absolutamente desordenada, malgastando mis horas en pensamientos inútiles, acusándome y justificándome hasta el cansancio. El ocio se me aparece como un playa desierta y lejana, como un deseo irrealizable, como una fantasía inaprehensible. Sólo quiero no hacer nada, y mirar a mi alrededor y que todo este ordenado para cuando decida levantarme con las ganas de siempre, que se fueron no sé a dónde ni por qué.

Mi casa es un caos. Mis horas. Mi cabeza. La lluvia me desmotiva, me recuerda mi desamparo absoluto. Llueve afuera y estoy adentro, y sin embargo me mojo, las gotas caen erosionando energías, me invitan al sueño. Sólo le temo a las cucarachas. A las marcas en mis brazos. A tu ausencia... y, sobre todo, a la mía.

viernes, abril 14, 2006

In/Out

Siempre vuelvo a la noche que me resguarda, a las voces prohibidas de un pasado que no es lo suficientemente remoto aún… El impulso de huir, de escapar de lo que no es perfecto, sabiendo que nunca nada lo será y que, por lo tanto, estoy condenada a correr hasta que el destino o el azar –ya no sé en qué creo- terminen con mi vida.

Hoy mis sábanas no tapan mis dilemas, el devenir de tus ojos mirándome una tarde no hace mucho, la ausencia en la presencia. El miedo de entonces cambió. Es otra cosa. Y los días pasan espejo, pasan calmos como si nada… Y yo sólo sueño con algo extraordinario, con pequeñas cosas extraordinarias que sucedan, inesperadas. Que conviertan lo cotidiano en algo especial.

Es que no sé hacer otra cosa que idealizar… Y quizás deba calmar ese líquido de ideas que fluye por canales equivocados. Quizás deba aceptar que el sol está ahí, igual que la luna, y que eso será así inexorablemente, al margen de mi vida o de mi muerte.