domingo, marzo 19, 2006

La cautiva

"La vida es una cárcel con las puertas abiertas"

Andrés Calamaro, "Media Verónica".

Estas letras en el aire, intangibles, espectrales, parecen menos ciertas que esos firmes símbolos negros en tus hojas sueltas. Sólo el orden arbitrario de este espacio puede, quizás, darles un carácter más serio, más comprometido, por volverlas públicas, una declaración. Sin embargo, ¿quién puede afirmar que es lo que dice, lo que hace, lo que ve en el espejo? Apenas adivino mi forma algunos ratos de silencio, cuando el vacío absoluto me deja a solas con ese algo que debo ser “yo”.

Pero no sé. De golpe me encuentro preguntándome, con miedo, como si hablara con otro, cosas oscuras, insólitas, inesperadas. Me admiro y me alegro de poder sorprenderme a mí misma, para combatir el aburrimiento o la ansiedad de ser, todos los malditos días.

Si pudiera pedir licencia, tomarme vacaciones, desaparecer de mi conciencia por un rato... Apagar el mundo de mi mente, que es el único que tengo, sea este u otro, la realidad colectiva o mi imaginación o mis sueños. Si pudiera no pensar, ni siquiera sentir el blanco de la nada, morirme unas horas, volver cuando quiera.

Ridícula. Pensando lo imposible. ¿O habrá una puerta invisible en mi cuarto que me lleve a otro estado de cosas, a otro universo, a otro lenguaje y a otro cuerpo y a otra persona-mente que no sea yo?

No la encuentro. En vano pasé noches tanteando las paredes idénticas de mi vida, haciendo agujeros que no conducen a nada, que me devuelven a este lugar del que no puedo escaparme. Sólo me queda aprender a tolerar lo dado, o rebelarme eternamente contra lo que todos creen que es un hecho. O morir.

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