miércoles, febrero 15, 2006

Oda al insomnio

Es de noche una vez más, y quisiera no tener sueño o vivir en el polo, seis meses de oscuridad y frío.

El insomnio, con su terrible sensación de impotencia, no me visita hace rato y lo extraño. Solía creer que las mejores ideas aparecían con el desvelo, con los ojos queriendo cerrarse y el cuerpo cansado, y la mente resistiendo y resistiendo, imaginando insólitos y hadas.

Solía sentir (y todavía lo creo) que el insomnio era la bendición y la tortura de los creativos... Ese espacio de incomodidad e ideas obligadas. Ideas victimarias y fatiga... ideas geniales, que si no venían, al menos eran una excusa para consumir coca cola, café, chocolates, cigarrillos.

Y me aventuraría a afirmar que en el insomnio se fusionan el sufrimiento y el placer, y mi lado más perverso (“soy un soldado de tu lado malvado”) lo necesita.

Quiero disfrutar la noche y no tengo insomnio. Quiero tenerlo. Quiero escaparme del sol y de la gente, seguir escuchando los grillos en mi ventana, mirando la luna platinar el paisaje desde este cuarto donde escribo, completamente sola, algunas noches, algunos insomnios.

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