martes, febrero 28, 2006

Extraño

Su sonrisa precisa y sus ojos oscuros son inevadibles. Recuerdo, creo, aquel primer encuentro en función de sus manos perfectas en el aire. Recuerdo, también, un libro de ella, una historia que ya no es, un principio. Era una ciudad de magia y nosotros, polvo de estrellas.

Sucedió entre lunas y ruinas. Ni siquiera podría asegurar que lo busqué, como tantas veces. El espejo se dio vuelta una mañana, o una noche (poco importa ese detalle). El reflejo, de repente, no era el mismo de unos reflejos atrás.

Insistió el azar, o el destino, o la enorme Biblioteca de Borges, en que nos cruzáramos. No había sentido su piel por ese entonces. Nos escondimos entre palabras (“Words, words, words”): palabras promisorias, palabras fatales, palabras red.

Y hoy, no puedo evitarlo. Un beso y me sorprende el olvido... No el olvido de él, no, sino de todo lo demás que se derrumba.

¿Sabrá algo que yo no sé?

Un extraño que se acerca, de a poco, tanto que ya no lo puedo ver. Sólo me queda sentirlo -ahora sí-, adivinar sus huecos, sus formas, sus colores, hasta saberlos de memoria y quererlos más, por haberse vuelto tan familiares.

sábado, febrero 25, 2006

Carne

Se fue a un lugar diferente, sin avisar, con los ojos abiertos. Eligió un día de lluvia de verano, eligió que el cielo lo despida. A veces me pregunto si uno realmente desea la muerte, desea morirse, pues sucede, nomás. Tengo miedo de probar esta teoría.

“¿Qué sueño es este?”, dijo ella, 40 años después de aquel día en el que sin querer, se enamoró de él. Y de golpe una sala fría pintada color pastel, caramelos viejos, café ácido y un cajón abierto al que no me quise asomar. Gente que lloraba, gente que conocía las historias detrás de mí y que me preguntaba por mi historia, que desconocía.

Que me parezco a él, que me parezco a ella (mis padres). Que él -el último pasajero- era tan bueno, que era feliz, que la vida no le había dado la mano muy a menudo. Y así las contradicciones, los recuerdos vueltos materia... y un pedacito nuevo de él (del otro) que se moría, se me moría de vuelta, un completo desconocido que hizo que yo exista y lo piense y se murió demasiado pronto. Un completo desconocido al que amo sin saber por qué.

¿Me pareceré a él, como dicen? ¿Qué puedo tener de alguien que no me conoce, que no conocí, que nunca voy a conocer? Y la palabra “padre” para mí no existe, es un concepto abstracto cuyo significado puedo intuir, que puedo mirar en los ojos y espejos de otros, que puedo imaginar por un rato que entiendo, pero que jamás voy a entender... ¿Cómo usar la palabra “padre” si no la entiendo?

Busco la respuesta en fotos, en la sonrisa de los que evocan fragmentos de historia, en una voz grabada antes de que yo naciera, en un carta que nunca me escribió.

Y de repente lo odio. Lo odio por abandonarme, por dejarse morir y por pensar que se iba a morir y por morirse. Lo odio por dejarme. Lo odio por dejarnos. Lo odio por su cobardía. Lo odio porque nunca voy a saber quién fue, porque ya no sé qué sentido tendría saberlo.

¿Por qué así?

¿Por qué?

Y ahí es claro que no hay un dios bueno posible.

(Si “Dios” existe, también lo odio. Más.)

lunes, febrero 20, 2006

¡¡¡¡AHHHHHHHHHHH!!!!

No sé si tengo algo que decir. Estaba pensando por qué llenamos el tiempo -que si no lo hubiésemos encasillado en agujas y hojas de calendario, no sería un concepto tan terrible- de cosas. Al menos, por qué yo siempre estoy buscando cómo completar y optimizar mis horas de vigilia, o de combatir el sueño. Y a veces el tiempo sobra y a veces me falta, relatividades y cronologías internas...

¿Por qué no puedo dejar que pase, sin hacer nada, sin contarlo, sin creer que me estoy perdiendo de algo, sin evaluar que sólo un camino es el mejor, que hay otros más o menos, que uno solo es deleznable? (Y que prefiero el mejor o el horrible, pero nunca los del medio).

Porque esa certidumbre de muerte ineludible me vuelve consciente del tiempo, de que sólo tengo X cantidad para hacer todo lo que quiero, y ni sé si quiero todo lo que digo que quiero... ¿pero si no lo hago, si no lo intento, si el tiempo me atrapa en un revés y me deja así, cómo soy hoy, en la memoria del mundo?

Fucking tiempo en frasquito. Supongo que si no se terminara nunca, me aburriría. Ya habría hecho todo, al menos todo lo que nos inventamos en este mundo, limitado, tan limitado... pero que nos llevaría más tiempo del que tenemos para explorar. Quiero hacer todo lo que hay para hacer en este mundo-tiempo y en otros...

Me abruma imaginar posibilidades infinitas. Y sin embargo, cualquier puerta sin fondo es más atractiva que la certidumbre absoluta.

And if he left off dreaming about you...

(...where do you suppose you´d be? / Lewis Carroll )

No sé qué escribir esta noche. La hoja en blanco me abruma de ideas inaprensibles. Flotan, partículas de vértigo que nunca se forma, que nunca es. Lo supe en ese preciso instante. Él miraba girar un trompo de colores. Yo fingía que las horas pasaban como si nada, apacibles, gratas, naturales.

Pero la noche me atrapó en su hoja en blanco, en su polvo de nostalgia y dilemas. Él dormía y yo pensaba en sus sueños. El soñaba que yo no fingía nada. Que era feliz, en serio.

Las múltiples realidades y esta, la suprema e ineludible de la vigilia. La exigente y tan familiar y aburrida por sólo serlo. Por ser cierta y compartida con otros. Por ser un cúmulo de objetivaciones comunes, que no permiten desear árboles azules y el mar en el cielo.

Él soñaba, dije, y yo miraba sus gestos distendidos, sus dedos de azúcar. Quizás llenaba un cuaderno entero de letras negras, de letras blancas y silencios de agua. Él dormía, cerca, y qué más importaba que eso.

miércoles, febrero 15, 2006

Oda al insomnio

Es de noche una vez más, y quisiera no tener sueño o vivir en el polo, seis meses de oscuridad y frío.

El insomnio, con su terrible sensación de impotencia, no me visita hace rato y lo extraño. Solía creer que las mejores ideas aparecían con el desvelo, con los ojos queriendo cerrarse y el cuerpo cansado, y la mente resistiendo y resistiendo, imaginando insólitos y hadas.

Solía sentir (y todavía lo creo) que el insomnio era la bendición y la tortura de los creativos... Ese espacio de incomodidad e ideas obligadas. Ideas victimarias y fatiga... ideas geniales, que si no venían, al menos eran una excusa para consumir coca cola, café, chocolates, cigarrillos.

Y me aventuraría a afirmar que en el insomnio se fusionan el sufrimiento y el placer, y mi lado más perverso (“soy un soldado de tu lado malvado”) lo necesita.

Quiero disfrutar la noche y no tengo insomnio. Quiero tenerlo. Quiero escaparme del sol y de la gente, seguir escuchando los grillos en mi ventana, mirando la luna platinar el paisaje desde este cuarto donde escribo, completamente sola, algunas noches, algunos insomnios.

viernes, febrero 10, 2006

"¿De qué habla tu silencio?", preguntó.

Mi silencio habla de que no necesita decir nada. A veces, piensa en cosas que nunca contaría, formula preguntas impreguntables, inventa problemas o sueños.

Ayer, mi silencio era incertidumbre azulada.

Y otros días, tranquilidad. Y otros, ganas de escuchar tu silencio. De sentirte y sólo sentirte. De respirarte al oído o de contar los latidos en tu remera de algodón. E imaginarles mil significados de miles de colores.

El silencio es mirarte. Es tus ojos o lo que hay detrás del espejo.

Mi silencio no habla, porque es silencio. Y mientras callo imagino que pensarás en qué pienso, y también pienso en qué pensás cuando no decís nada, y estás en silencio... mirándome a mí o a las estrellas -tuyas o mías- o algún techo.

Eso. Eso es mi silencio.

A veces recuerdo, a veces indago, a veces miro para otro lado y me duermo en silencio.

Qué loco pensar que el vacío tenga tantos significados...

Todo lo que pasa y ni me muevo...

“Consiguió dejar de pensar, consiguió por apenas un instante besarla sin ser más que su propio beso”.

Julio Cortázar, "Rayuela", 1963

Llueve o es de noche y no me canso de que estés. Un silencio nuevo nos invade. De golpe siento que el aire de esta habitación ya no es mío, que alguien lo pelea o lo toma o lo gana, y que se siente bien.

Papel en vez de pantalla, tinta en vez de teclas... ¿Será lo mismo?

Mundos paraelos (los hay tantos, tantos, tantos... ¿cuántos universos-mente están prendidos en este instante, construyendo sus respectivas realidades?). Y se unen de repente, sin interrumpirse, sólo se cruzan de a ratos pero no entorpecen sus órbitas. O sí, y no es malo, sino todo lo contrario. Es imposible no dejar una huella, mínima o radical, pronta o con agujas por montones. Somos una plastilina de colores, sin la última puntita del celofán por estos tiempos.

Hoy la noche ya se nos cae una y mil veces encima... Mis diseños para ocultarme se están oxidando con la lluvia que no para. Creo que crucé una línea brillante y ya no hay vuelta atrás.

Plastilina brillante. Lluvia y óxido bendito.

Off.

martes, febrero 07, 2006

Esa dulce incertidumbre...

A veces temo que la quietud se parezca mucho al final. No sé si mi espíritu ansioso, que tengo algo apaciguado con divanes y flores, es parecido al de todo el mundo. El tiempo, de golpe, me pesa. Pero flotamos en un espacio extraño entre la vida y otra cosa. Quisiera saber si el silencio te cautiva o si lo ves como un síntoma de que (ya) agotamos las horas... Quisiera saber y no saberlo nunca, no por tu boca, sino entenderlo cuando el momento lo revele en un grito mudo.

Yo sé lo que pienso y no te digo. Yo sé por qué sonrío tanto. Por qué callar no me molesta. Por qué me gusta escucharte respirar mientras me enredo en tu pelo oscuro a la noche.

Yo sé.

jueves, febrero 02, 2006

Berger y Luckmann 2

Todo es mentira. Mi perro es una gato y vos no sos quién creí haber conocido un tiempo atrás. Yo te invento y soy tu invento y la calle es un espejo infinito de tus ojos.

Claro que todos nos ponemos de acuerdo. Decimos ver verde donde hay sangre, que eso es mar y qué es ser mar más que establecer que eso, amorfo e irreal, lo es.

Pensamos cada gesto en función de reflejos. Tenemos roles que ni imaginamos, cada instante influyendo en el universo de otro. Creemos que es el mismo, o al menos decimos hacerlo... Y luego comprendemos, inexorablemente, que todos los desencuentros tienen que ver con ese código ruin, con el reino de la farsa y el consenso.

Esto es esto y aquello es aquello. ¿Por qué no aceptar de una vez que mi cielo y el tuyo en nada se parecen?

(Estamos solos. Para siempre.)

miércoles, febrero 01, 2006


Saqsaywaman (CUSCO - PERU)- Diciembre 2005

Saqsaywaman (CUSCO - PERU) - Diciembre 2005

Berger y Luckmann

No soy más que lo que ves, que lo que quieras ver, que lo que imagines, que lo que construyas.

Te miro y veo una versión de mí en el espejo. Y esa imagen se parte en mil direcciones diferentes. Y no sé por qué estoy queriendo unirlas. Que sean una. Una sola Aldana en los ojos de los otros. O no. Todavía no decido bien qué hacer con esos extraños reflejos dispares. Todavía no sé si puedo hacer algo.

Las palabras más precisas no siempre son materia. Son sólo eso, símbolos -benditos símbolos- que nos inventamos para escaparnos de nosotros, o para sacar el alma torpemente. Y uno hace lo que puede, lo que le sale, lo que se deja salir.

Y si quisieras entenderme... sugiero que te concentres más en mis ojos. Pero quizás nunca más me leas, ni a mis palabras ni a mis ojos. O nunca hayas querido, e incluso evites conscientemente saber quién soy.

Endocanibalismo (todos tus muertos)

"Quiero vivir dos veces para poder olvidarte"

Andrés Calamaro, "Paloma"

Si te convierto en mil pedazos, despacio, y te echo al fuego esta noche... Si te encierro en el placard de mi casa, en un baúl oculto en el tiempo, y le echo llave al olvido...

Si te fuiste, si no estás, pero estás y cómo estás y cuánto quiero triturarte hasta que seas polvo de estrellas.

Hay sociedades de la selva que se comen a sus muertos para desanclarlos del mundo terrenal, para que pierdan la posibilidad de un espacio físico desde el cual acechar a los que siguen viviendo.

No quiero que tengas una tumba donde pueda visitarte. No quiero saber que caminás por algún lado.

Y sin embargo, ningún ritual exótico podría evitar que de vez en cuando, muy de repente, me atrape uno de tus besos robados en alguna esquina perdida del recuerdo.