sábado, diciembre 10, 2005

Puertas

Volviste. O te volví a dar espacio en mis horas. Te había escondido en el imposible. Pero acá estás, de nuevo, una voz en el teléfono que me hace temblar. Y la sangre, helada por el tiempo en que dormía, como la princesa del cuento de hadas, esperando que alguien la despierte, fluye rápido y me asfixia. Y ahora, ya no puedo dormir pensando, sintiendo, que tu mano puede apoyarse sobre mi hombro alguna noche, y que puedo recordar mi piel toda si te abrazo, si tu olor me devuelve la vida (porque estaba a punto de morirme). Estás acá, no sé para qué ni por cuánto tiempo y no me importa. Imaginarnos en la misma habitación. Encontrarte, mil veces. Encontrarnos... algún día.

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