domingo, octubre 23, 2005

Infinito TV

Se subió a un taxi donde un hombre cualquiera acomodaba sus anteojos, como queriendo entender el mundo. Dijo que años y kilos atrás había empezado a manejar, 200 kilómetros por día. “200 kilómetros por día... ¿Cuántas veces le habré dado la vuelta a la Tierra? Y sigo acá, sentado, siempre.” Le mostró su documento y su alma. Le habló de la reencarnación y de cómo había podido entender por qué tenía que estar sentado en ese taxi, hasta la próxima vida, pisando sobre sus pasos un millón de veces, como si estuviera en algún círculo del Infierno de Dante. Su alegre resignación no la dejó dormir a la noche. Lo imaginaba en su taxi, contándole a alguien que seguramente no quería escucharlo que su vida era aburrida y que no podía hacer nada al respecto. Que había sabido irse a Mar de Ajó de joven, y que ya nunca más había visto la playa, ni se había tomado unos días de vacaciones, porque juntaba plata para comprar un sueño que 25 años después todavía no llegaba. “200 kms por día... ¿Cuántas veces le habré dado la vuelta a la Tierra? Y sigo acá, sentado, siempre.”

Le cobró de menos, como pagando una sesión de las más baratas. Ella venía cansada y sólo quería llegar a su casa. Y él seguía sentado y triste, atrapado en un karma. Lo escuchó en algún lado. Dijo que miraba una señal de cable mística que le había enseñado muchas cosas (que evidentemente aún no entendía). Acupuntura, Feng Shui, Budismo. Agujas para sentir algo. El vestíbulo y los tábanos eternos. Él era dulce. Ella se bajó llorando. Preso de una cárcel inventada, él subió a alguien en la esquina, en una de las tantas que hay en la ciudad, llena de desconocidos. Y hoy votará a alguien que nada hará por él. Y se morirá, en su taxi, en su cárcel, en su tristeza, en su karma, en sus kilos, en su resignación, en su anonimato, en la ausencia de agujas. Y ella nunca se enterará.

sábado, octubre 15, 2005

¿Qué andarás haciendo?

Es una oscuridad aprendida. Una nube que cae sobre su hacer, pensar, estar, pero que ya conoce, domina... que ya aprendió hasta a disfrutar. A disfrutarse así, en una soledad reparadora, entre discos y sábanas familiares. Tiene lágrimas en vez de sangre. Y subsiste quemando ese combustible melancólico. Oscuridad amiga en la que se encuentra con su yo apagado entre otras voces otros días. Y se escucha. Escucha voces que venía callando. Y es toda lágrimas y voces. Y necesita dejarse ser, perdonarse, darse espacio. Todo murmullo y abrazos de nada. Y sábanas. Creo que eran blancas y ella las veía azules. Y sólo quería dormir y despertarse cuando estuviera sonando esa canción olvidada. La música puede transportar a otros estados de ánimo, y las experiencias se repiten, idénticas, tan intensas como el día en que ocurrieron. Y entonces, estuvo con él esa noche en la que sabía que ya no podía evitarlo... Y sintió de vuelta como toda ella era él. Y lo extrañó, abrazando sus sábanas azules. Está tan lejos... Estás tan lejos. Vos y mi recuerdo de vos. Creí que los perdía.

martes, octubre 04, 2005

Need a break (from my mind)

La hora –por qué maldita o fatal o determinada e ineludible.

Juan Carlos Onetti, "La novia robada"

Alguien me corre. Algo. No sé a dónde quiere llevarme, qué fuerzas extrañas hacen que me apure, que corra y siga siempre en el mismo lugar, como del otro lado del espejo. Es agotador. Agotados los días y las horas para llegar a no sé dónde, no sé con quién, siempre sola isla sola y me canso, me canso de sentir que todo cae y cae y que ya se termina y saber que no es así, que el tiempo es infinito o cíclico, como creían las antiguas sociedades de la selva (saber que soy un hada, que tengo que encantarte). Cuántos señores tiempos, cuántos apurados, cuánto corro -me corro- en mi mente y sigo acá. Justo acá. Tratando de respirar, sofocándome entre agujas. Desespero, presa entre cristales de muñeca y la monotonía de ese sonido insoportable. Grito. Sólo quiero un poco de océano, aire, sal y vos, que sos un poco todo eso junto. ¿Cuántos canales alternativos conviven en dimensiones ocultas? Hace poco, o quizás demasiado -experta en relojes relativos-, descubrí uno...y en eso ando.