lunes, agosto 22, 2005

Un domingo cualquiera

Las gotas caen. “Adiós gotas, adiós.” Y de vuelta Don Julio y el alivio inexplicable. Un auto, los frenos con la lluvia y aquel grito de las ruedas que también se suicidan contra el asfalto pegajoso y diluido en el segundo mismo en el que parece que así, así nomás era el final. (A-dios).

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