domingo, agosto 28, 2005

¡Aunque Ud. no lo crea!


Londres, junio 2005

viernes, agosto 26, 2005

¿Se lo cuido?

Todos agitaban el pañuelo, queriendo acomodar la horda de autos que se aproximaba a ver ese encuentro entre animal y del medioevo, rojo y blanco, celeste y negro, blanco otra vez, 3-0, penal, 3-3, try, conversión, 11-3, bai bai, once again. Pero todos agitaban el pañuelo, es el único requisito, los trapos de colores y un movimiento agraciado, el ritmo insoportable, “A wrinkle in time”, pañuelos que van y vienen, tic-tac, tic-tac, adultos y niños, nunca vi tantos juntos, soldados del desempleo, disputándose centavos. Como si esa coreografía de la decadencia argentina valiera tan solo unos centavos. Tic. Tac.

miércoles, agosto 24, 2005

The end has no end

Están todos lejos. Ella está lejos, sobre todo ella está demasiadosotansuchtres lejos.

Una vez más la historia termina, el final tan esperado, inevitable y previsible. Pero en verdad, sin querer, los dos parecen intentar romper con la lógica del tiempo, de una manera fascinante, sin caer en obviedades. Un desafío inconsciente, un deshacer y hacer y deshacer, la misma escena casi como un ritual que se repite todas las semanas, las lunas, las horas, los teléfonos. Una amnesia provocada, transgresora. Como si esa conversación, esa resolución inexorable, nunca hubiese tenido lugar. Y así estiran la despedida imposible. Admirable amnesia, oh rebeldes desenamorados.

Voyeurs

Hay quienes aseguran que los espejos son puertas, o cámaras –y el tape no se termina nunca-, o gemelos inagotables. Una secta defensora de los derechos de su especie (cualquiera que fuera) busca por las noches robar y pasar esas cintas eternas a un agujero absurdo entre mundos -creo que sólo acceden a él cuando la luna está naranja- donde un duende de ojos claros y un marciano verde las archivan, por el bien de Universia, lejos del mundo de lo, para nosotros, cognitivo.

The Truman Show. The Final Cut. El Gran Hermano, el de Endemol y el de Orwell. El panóptico de Foucault. Sonría, lo estamos filmando.

Fuck.

Extraño (o irrelevante) sería ver cómo fueron realmente las cosas y que no coincida con cómo las recordamos...

martes, agosto 23, 2005

Nomenclatura

“Ah well! It means much the same thing,” said the Duchess, digging her sharp little chin into Alice´s shoulder as she added “and the moral of that is- 'Take care of the sense and the sounds will take care of themselves.' ”

Lewis Carroll, Alice´s adventures in Wonderland

Las letras, las palabras, este invento del hombre de este invento –el mundo, tal como lo conocemos-, debe venir de la tierra de espejos. La arbitrariedad del signo, la libre interpretación. “Cuida el sentido, porque los sonidos se cuidan solos”, dice la Duquesa, sentenciada a la muerte (es decir, a viajar a otro universo). Y pensar que esa acumulación de fonemas, sin un sentido original, pero con tanto sentido otorgado, transmiten insondables sensaciones (y malos entendidos, y subliminalidad, y ...). “Un nombre no dice demasiado”, dije en un e-mail atrevido –conmigo misma- , pero inocente –para él-, “pero no entiendo por qué nunca te lo pregunté”. ¿Y si esa pregunta rompe todo? ¿Y si esa cantidad de caracteres, significantes y significados viajando por un espacio que no vemos (cada vez más viciado, se vuelve accesible, se vuelve moda) se convierten en el punto de inflexión de un año de hacer de cuenta que los nombres y las historias no son lo que importa, y de que el preciso instante en que su cuerpo y el mío parecen conocerse de toda la vida es, en efecto, la única realidad que tiene sentido para los dos? Presiento que algo cambió para siempre. Al menos en nuestro juego.

Control Z. Undo. Undo.

Si tan solo pudiera olvidar su nombre.

Fue

Es un extraño. Otro. Y sin embargo no entiendo como su piel se va despertando cuando la mía, cuando mis manos, "¿por qué tenés las manos tan frías?", siempre las tengo frías, siempre. Cualquier lugar, un llamado y unos kilómetros, un par de horas, un auto o un hotel. Blanco y negro, un mundo y el otro, y yo escapándome del negro con el blanco, pero siempre volviendo al negro, aunque a veces se confunden, no sé por qué se parecen tanto, por qué uno está tan lejos y el otro tan cerca y están juntos. Y el escape no existe, y ella se pierde en sus espejos, falsos, negros, blancos.

lunes, agosto 22, 2005

Un domingo cualquiera

Las gotas caen. “Adiós gotas, adiós.” Y de vuelta Don Julio y el alivio inexplicable. Un auto, los frenos con la lluvia y aquel grito de las ruedas que también se suicidan contra el asfalto pegajoso y diluido en el segundo mismo en el que parece que así, así nomás era el final. (A-dios).