lunes, mayo 23, 2005

Erfindung

Es terrible. No sé si puedo volver a hacer esto. ¿A dónde se van las ideas cuando uno no se las toma lo suficientemente en serio como para dejarlas hoja o algo así? Creo que lo mejor es dormir, despertarme en algún horario absurdo como entre tiempos, en un agujero donde quizás vivan esas cosas, las ideas, las hadas, Alicia –la del País de las Maravillas-, y el Sr. Tiempo, que seguramente existe, dirigiendo una orquesta de relojes de arena, pulsera y de pared. Imagino una tierra de espejos, donde miles de niñas rubias inglesas puedan jugar a ser reinas, repitiéndose una insoportable cantidad de veces, idénticas, sin llegar nunca al octavo casillero. Donde el ajedrez de Borges y el de Lewis Carroll se conjugan, porque Yahvé y Alá y Buda y Zeus y Ra están jugando al Play Station 15805. No sé bien cómo habrán armado los equipos, pero sí que el juego anda algo complejo, y que ellos –nosotros- ya tienen su Play Station 2.

Tal vez, quien me sueña no sabe que yo también sueño. Y mientras el joystick de mi inconsciente se mueve en ese agujero buscando que alguien –otro yo, quizás- padezca otro mundo, ¿él estará despierto? Pienso en Las Ruinas Circulares y en Borges de vuelta. Pienso que nada es ridículo y que todo existe, en algún lado, en alguna cabeza que quizás sea universo. Universia. Y que está escrito en La Biblioteca de Babel.

Hoy, resulta imprescindible que siga con mi vida, creyendo que decido mi destino,

"También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días."

y aunque entienda que soy un holograma, una pesadilla, una personita del SimAlgo, whatever. “Erfindung”, diría Nietzsche.

Que en algún invento descanse.